En efecto, Algarinejo no es un sólo núcleo, todo lo contrario, pues la principal característica de la formación de la localidad es la dispersión. De los 5000 habitantes que forman el municipio, más de la mitad no forman parte del casco urbano, sino que viven repartidos entre las aldeas, las cortijadas y los cortijos aislados. Es más, no podemos concebir la idea de un Algarinejo sin esta estructura, ya que ésta determina la forma de ser y de vivir de sus habitantes. Podemos diferenciar dos grandes aldeas: La Viña y Fuentes de Cesna; otras pequeñas aldeas o diseminados: El Palancar, La Saucedilla, Las Llanadas, Sierra Ojete, El Cerretillo.... Cada uno diferente: unas en vegas fértiles como Las Llanadas o El Palancar, otros rodeados de bosques como La Viña o Sierra Ojete, a orillas de ríos o del embalse de Iznájar como Fuentes de Cesna; montaña, agua y sol, la característica común y siempre presente.Un poco de lengua
Numerosas son las características que diferencian las aldeas (nos referimos a las dos principales: Fuentes de Cesna y La Viña) del núcleo urbano, pues además de la gran distancia geográfica (La Viña a 10km y Fuentes de Cesna a 15km), la historia ha sido distinta. El principal rasgo de esta diferenciación histórica lo tenemos en la pronunciación y entonación: mientras que en Algarinejo hay un predominante "seseo", en las aldeas, por el contrario, domina el fuerte "ceceo". Esta diferenciación fonética se debe principalmente a las distintas fechas en la Reconquista Cristiana del s. XV y a las repoblaciones con gente de distinta procedencia geográfica. Este hecho hace que haya una fuerte diferenciación en los rasgos de herencia árabe de las aldeas, como es el caso del ceceo, que no ha podido calar en el habla del casco urbano y alrededores, aunque sí otros rasgos como la marcada aspiración de la "h" e incluso la "s" algarinejense, una mezcla de la sibilante "s" sevillana y la vibrante árabe, que hacen patente la mezcla de las culturas. .
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